Uno siempre necesita estar colgado de al menos una ilusión. En mi vida son muchas las que vienen y van, de echo al retirarse una, otra llega detrás. Mi mundo se organiza como una biblioteca, cada libro en su estante debido, y cada estante organizado como debe ser, pero aveces no está demás soñar, ir más allá, dejarme acompañar por una utopía. Pero hoy, al parecer solo me encuentro regida por una utopía, que se camufla en el mundo real, aislándome de él cuando lo necesito. Camina lento, con pasos firmes, me mira y me sonríe,me transforma en ese instante en una licuadora de emociones. Si tan solo se acercara a mí un centímetro más cuando avanzo un paso,si tan solo tuviera la certeza de que nuestras emociones se complementan, me alcanzaría para obtener la satisfacción obvia que conseguiría al llegar a mi meta. Pero más que una meta, es una ilusión, ilusión que me renueva y transforma por dentro, ilusión que me aparta del mundo real para ahogarme en ella, y así experimentar una muerte lenta, placentera,muerte del cuerpo,de todo lo material, cuando el espíritu se eleva.Allá en el mar, donde dejé sumergidos algunos de mis sentimientos, me encontré con un lugar perfecto,del que no quise irme jamás, al que quisiera volver a ir, otra ilusión se presentó ante mí, se hizo carne, me habló y me contó que extrañar también es parte de la vida, y por tal motivo hay que sonreír, sin dejar que los sucesos del mundo nos atrapen, nos quiten la libertad.
Hoy transito mi camino como cualquier persona corriente, regida por realidades e ilusiones que me hacen ir más allá, que me hacen crecer pero a la vez, me devuelven todo aquello que un día fui, me traen nuevamente la inocencia, aquella ingenuidad, las ganas de soñar, me hacen recordar que cada día es una nueva oportunidad para volver a empezar, y por sobre todas las cosas, que estoy viva.



